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Amortiguadores: tipos, función y cómo actúan

Los amortiguadores… los grandes aliados del conductor que pasan desapercibidos la gran mayoría de veces. Son responsables de que se pueda mantener el control de la conducción en todo momento. Pero por desgracia, en ocasiones, también son el motivo de pequeñas averías imprevistas del vehículo.

Hoy nos adentramos en el mundo de los amortiguadores para explicar los distintos tipos que existen, su función, averías o el proceso de trabajo que realizan para asegurar una conducción segura.

¿Qué son los amortiguadores?

Los amortiguadores son elementos clave en la seguridad de la conducción. Permiten que el conductor pueda mantener el control del coche cuando toma un bache o cuando realiza alguna maniobra imprevista de forma brusca. La función de los amortiguadores está íntimamente ligada a la de los frenos, y de su buen estado dependerá la dirección y estabilidad de tu vehículo.

Forman parte del sistema de suspensión y no todos los vehículos cuentan con la misma pieza, ya que debe adaptarse a las características de los neumáticos y del propio coche. Ya sabes que un ruido en la suspensión es motivo de visita al taller, y en muchas ocasiones, los amortiguadores toman el protagonismo.

Función de los amortiguadores

La principal función de los amortiguadores es dar estabilidad al sistema de suspensión y que los neumáticos no pierdan adherencia con el asfalto. Imagina que, como decíamos antes, coges un bache o tomas una curva de forma brusca e inesperada. Unos amortiguadores en perfecto estado, harán que los neumáticos mantengan el contacto con la carretera en todo momento.

Su trabajo también tiene relación con el tiempo de frenado -y por lo tanto en el mantenimiento de la distancia mínima de seguridad-, el agarre en curva y, no menos importante, en el confort y comodidad de los ocupantes del vehículo.

Tipos de amortiguadores

Existen distintos tipos de amortiguadores, y todos ellos se encuentran ocultos bajo la carrocería del vehículo.

  • Amortiguadores hidráulicos. Son los más sencillos, ya que no necesitan mantenimiento. Estos amortiguadores están formados por un cilindro con un pistón lleno de agujeros por donde pasa el aceite al darle presión.
  • Amortiguadores hidráulicos con válvula. En lugar de pistones, como en el caso anterior, estos amortiguadores utilizan unas válvulas que hacen que el aceite pase por el cilindro con la presión adecuada. Ofrecen mayor suavidad y eficiencia que los anteriores.
  • Amortiguadores de doble tubo. Son los más habituales en todo tipo de vehículos. Están compuestos de dos cámaras con una válvula entre ellas que hace que el aceite pase de cámara a cámara. Existen los amortiguadores presurizados o de aceite, y los no presurizados o de gas y aceite.
  • Amortiguadores monotubo. Tienen una cámara de gas y otra de aceite y su funcionamiento varía según la presión del gas en el pistón.
  • Amortiguadores regulables en dureza. Tienen una rosa que permite cambiar el tamaño del agujero por donde tiene que pasar el aceite cuando el motor lo considere necesario. Este tipo de amortiguadores se ajusta a las necesidades de la conducción.
  • Amortiguadores regulables en suspensión. También funcionan dependiendo de las prioridades del conductor. Son los habituales en los vehículos tuneados, ya que permiten que la distancia entre el asfalto y la carrocería aumente. Deben estar homologados y cumplir con todas las premisas de seguridad.
  • Amortiguadores reológicos. Cuentan con piezas de metal, que hacen que el sistema de suspensión sea algo más rígido.
  • Amortiguadores de frecuencia selectiva. La suspensión de los vehículos con amortiguadores de frecuencia selectiva también es más dura porque la válvula entre los conductores se cierra al recibir presión.

Averías de los amortiguadores

Los amortiguadores no son una pieza que se rompa con facilidad, pero sí debes tenerlos en mente siempre que te preocupe el mantenimiento de tu vehículo. Puede que no sepas cuándo cambiar los amortiguadores, ya que es complicado apreciar el desgaste de los mismos al estar ocultos bajo la carrocería.

Sin embargo, sí son importantes. Lo ideal es realizar una revisión a los 50.000 kilómetros, ya que, durante ese tiempo, los amortiguadores han podido ir desgastándose de forma natural. Si están en buen estado, no hay problema, pero puede que haya llegado el momento de cambiarlos. Tras esta primera revisión de los amortiguadores, deberás tenerlos en mente cada 20.000 kilómetros, y volver a revisarlos de forma periódica.

Una avería de los amortiguadores puede manifestarse de distintas formas, todas ellas relacionadas con la comodidad de la conducción y el agarre de los neumáticos:

  • Neumáticos desgastados. Si notas que la presión de los neumáticos no se mantiene estable a pesar de hincharlos a menudo, ojo al sistema de suspensión. Puede que no sean los amortiguadores en primer lugar, pero conviene revisar todo el sistema.
  • Vibración al conducir. Puede que notes que el volante tiembla ligeramente cuando frenas o tomas una curva, y es muy probable que el origen de esta vibración se encuentre en el sistema de suspensión.
  • Inestabilidad del vehículo. Al coger una curva o frenar, el vehículo no debe mostrar mucho movimiento, ya sea lateral o delantero. Pero si el vehículo se inclina demasiado o baja en exceso cuando frenas, ojo a la suspensión.

No lo dejes pasar, y si notas alguno de estos síntomas en tu conducción, visita tu taller de confianza. En nuestro taller Midas Cesáreo Alierta podrán recibirte y echarle un ojo a tu vehículo para detectar si te encuentras ante un problema de amortiguación o suspensión y tomar cartas en el asunto.

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